El valle del río Genil en el que se encuentra ubicada la campiña ecijana fue considerado durante el primer milenio antes de Cristo centro de la Cultura Tartésica. El urbanismo más antiguo en esta época se limitaba a calles pavimentadas con aljibe en torno a pequeños núcleos habitacionales con referentes en la Edad del Bronce Final (año 800 a.C.) que pasan a Epoca Orientalizante (año 600 a.C.) y finalmente a Fase Ibérica Antigua ( año 400 a.C.) y que fueron analizados en el poblado Tartésico e Íbero-Turdetano de Alhonoz a 22 km. al sudeste de Écija, y recientemente en los sondeos arqueológicos de la Plaza de Armas del Alcázar. El poblado fue abandonado hacia el año 50 a.C. por encontrarse entre los aliados de Pompeyo, derrotado en la Gerras Civiles al final de la República de Roma.

Roma derrota a Cartago en la II Guerra Púnica unificándose el Mediterraneo y apoderándose del territorio que se denominará Bética. Para entonces el núcleo original de la ciudad prerromana (posiblemente la Astigi Vetus de la que habla Plinio), ocuparía el pequeño cerro elevado sobre el Genil circundando por este y por el Arroyo del Matadero que ofrecía condiciones de resguardo de las crecidas y como lugar de defensa.

Una de las Colonias romanas más importanes de Hispania era ASTIGI. Fundada por Augusto (año 14 a.C.), AUGUSTA FIRMA ASTIGI fue Capital de uno de los cuatro Conventos en que quedó divida la provincia Bética: Hispalensis (Sevilla), Gaditanus (Cádiz), Cordubensis (Córdoba) y Astigitanus (Écija) el cual abarcaba un extensísimo territorio que englobaría buena parte de las provincias de Málaga, Jaén, Granada, Córdoba y Sevilla; convirtiéndose en la capital de una comarca especializada en la producción de aceite para exportación a gran escala, fundamentalmente a Roma y con destino a las legiones acuarteladas en Germania y Britania. Por entonces la Bética tenía una extensión de olivar de 5.500 Km2 dentro del cual ASTIGI llegó a ser el mayor centro exportador entre los siglos II y III d.C.; muestra de lo anterior puede ilustrarlo el Monte Testaccio en Roma constituido por una enorme mole de 22.000 m2 de base y 45 metros de altura formado por la acumulacioón de ánforas de aceite desechadas procedentes la mayoría de esta provincia.

ASTIGI además de su emplazamiento sobre el río Genil se beneficiaba de estar ubicada sobre la Vía Augusta (Cádiz-Tarragona) siendo diseñada con el trazado regular característico del urbanismo romano: Decuamano Máximo (tramo de Vía Augusta a su paso por Astigi de Este a Oeste, en dirección del puente romano sobre el Genil) y Kardo Máximo, que cruzaba perpendicularmente a ésta en las cercanías del foro. Los mosaicos y la escultura de la Amazona Herida hallados en el subsuelo de Écija, están consideradas las mejores piezas en su género aparecidas en la Península Ibérica. Las necrópolis (cementerios) se ubicaban extramuros junto a los principaes caminos, así como el anfiteatro (cimientos de la actual Plaza de Toros) en el que se celebraban espectáculos de lucha.

Posteriormente, con la crisis del Imperio Romano se favorece una aristocracia hispanorromana terrateniente que se une a la Iglesia concentrando propiedades agrícolas y urbanas, haciéndose efectiva la presencia de grupos bárbaros el siglo V d.C. y anexionándose el valle del Guadalquivir el reino visigodo de Toledo.

A partir del año 711 se produce la ruptura definitiva con la tradición romana con la llegada de poblaciones bereberes y árabes de religión musulmana, estableciéndose el Estado Islámico con sede en Córdoba y pasando a denominarse MADINAT ISTIYA: una de las capitales de Al-Andalus (711-1240). Durante el reinado de Abderramán III Écija se une a las ciudades y territorios rebeldes a la instalación del califato. Conquistada de nuevo la ciudad, el califa ordenó el derribo de las antiguas murallas romanas reservando solo el alcázar para las tropas del gobernador delegado por los omeyas; así pues las murallas y torres albarranas que hoy pueden observarse datan del periodo almohade a final del siglo XII cuando la presencia cristiana se hace amenazadora.

La conquista castellana supone la instauración de la sociedad feudal pasando Al-Andalus a convertirse en Andalucía e incorporándose la ciudad a la Corona de Castilla. Entre 1240 y 1492 la ciudad experimenta variaciones: las Mezquitas se convierten en Iglesias, se construye el barrio extramuros de Puerta Cerrada y se define como ciudad receptora de mudéjares (descendientes de musulmanes sometidos), cuyo número en torno a mil fue confinado al barrio de la Morería y siendo compatibles en la riqueza étnica con los judíos de número algo inferior que perduraron hasta las matanzas sobre este grupo llevadas a cabo en 1390.

Durante la Edad Media, el crecimiento intramuros había originado una edificación apiñada por lo que a finales del siglo XV y para celebrar mercados y eventos religiosos y civiles se derribaron manzanas enteras con objeto de crear un vacío, un hueco que se destinó a Plaza Mayor denominado hoy como "El Salón". Paralelamente este crecimiento desborda las murallas medievales quedando ocultas en el interior de manzanas y de las que se aprecian perfectamente las albarranas, torres y testigos de lienzos intermitentes.

Posteriormente en el periodo de la oligarquía terrateniente entre los siglos XVI-XIX este grupo social decide el modelo de arquitectura que deseaba tener y precisamente fue el marcado por el poder -el religioso y el civil- y con el soporte de unas agrupaciones gremiales (en torno a setenta) de muy alto grado de cualificación.

Hacia 1750 Écija superaba los 30.000 habitantes (Catastro de Ensenada) viviendo gran parte de la población en cortijos y haciendas de olivar dedicadas a producción de cereales y aceite, lo cual costeaba un oficio artesanal de alarifes que fue el generador de los ejemplos del Barroco (actuaciones realizadas a partir de las anteriores mudéjares y renacentistas) constituyendo en buena medida el urbanismo y la imagen monumental de la ciudad actual.

A partir de la época desarrollista del Siglo XX y con anterioridad a la Comisión Local del Patrimonio Histórico, se ejecutan ciertas actuaciones en las que la operación sustitutoria ocasiona la perdida de algunas piezas de arquitectura, aunque no en número desorbitado manteniendo el Casco Histórico su fisonomía global.

 

 


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